La arquitectura disfuncional y los hoteles

La semana pasada me invitaron a conocer una Universidad.

Mientras mi anfitrión me enseñaba sus instalaciones (tengo que decir que eran increíbles), me dejó caer en más de una ocasión sobre lo poco pensada que estaba la arquitectura de los edificios que componían el campus universitario para el uso final que tienen.

A la vista estaba que las edificaciones eran espectaculares, pero una vez que ya han pasado varios años desde su puesta en marcha, es ahora cuando conocían y sufrían las debilidades y disfuncionalidades: edificios con falta de luz o con exceso, techos demasiado altos, formas exteriores peculiares que condenan a la inutilidad a ciertos espacios en el interior….

El ego del arquitecto, el ego del interiorista, es algo que también hemos sufrido, sufren muchos hoteles en la actualidad. Anteponer la belleza, la originalidad y la creatividad, es lo que crea esa disfuncionalidad.

Arquitectura e interiorismo deben de ser herramientas al servicio de los objetivos de los hoteles y la restauración comercial: Crear espacios bellos, estables y funcionales donde los clientes disfruten de su estancia y servicios, mientras el equipo que conforma ese hotel o ese restaurante se encuentra el espacio ideal para desarrollar su actividad. En conclusión: todo ello encaminado a la satisfacción y comodidad del cliente, tanto interno como externo.

En algunos hoteles encontramos techos inalcanzables que complican la climatización creando espacios complicadísimos y carísimos de calentar. Ausencia de espacios de almacén o dimensiones ridículas para la capacidad del establecimiento. La importancia de fachada y aspecto exterior tan alta, que la entrada de proveedores es un pequeño reducto incómodo e inoperativo o mezclado con los coches de los clientes en el garaje. Consignas de equipaje en las que cuando el cliente ve abrirse la puerta, se pregunta a si mismo cómo no le han dado su maleta al técnico que vino a revisar la fotocopiadora o a otro cliente. Recepciones de hotel diseñadas para no trabajar o para visitar al fisioterapeuta todas las semanas. Iluminación pensada en crear atmósferas pero no tanto en iluminar o con un mando de opciones tan inoperativo que cuando el cliente termina su estancia es cuando se empezaba a enterar de cómo funcionaba…

¿Pero quién es el que sufre todo esto? El CLIENTE.

El diseño de un hotel, de un restaurante, tiene que estar hecho por especialistas, que conozcan el sector de cerca. Que sean capaces en algún momento de sacrificar su nombre no haciendo un diseño tan llamativo para estar en las revistas del sector, y sí dándole prioridad al uso final. Que a través de lo bello se enfoquen en la comodidad del cliente externo y del cliente interno. Que cuenten también con la opinión del equipo, de las personas que realmente conocen cómo es el trabajo, cómo es la operativa, cuáles son las necesidades.

La arquitectura y el interiorismo no son fines en sí mismos. El objetivo no es tener un hotel o un restaurante simplemente bello. Es que alcancen niveles de ocupación rentables. Es que la belleza o singularidad del edificio y su interior, por supuesto, sean un activador importante en la compra, pero no el único, porque si no con haber visitado el hotel una sola vez será suficiente.

Articulo de: Paula Castejon 

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